SAGRADA LUZ
ETERNA
IVÁN SÁNCHEZ
MARCOS
En
este mismo momento, a esta misma hora, en cualquier ciudad de cualquier parte
del mundo, ocurre lo que en estas páginas se cuenta a continuación.
Día
nublado con principios de llovizna amenaza cautelosamente la mañana de un
jueves cualquiera, en el monótono devenir para un solitario individuo en su
primer día de trabajo.
Atrás
quedaron los días de universidad, en los que como todos sabemos, se suele
convertir en magnífico, tal vez cierto día comenzado con un disgusto académico.
El
nerviosismo, la pasión, la incertidumbre, el saber, la entereza o la extraña
sensación de ser maduro, empujan a Larry Smiles a saltar antes de hora de la
cama. En aquella vieja habitación del barrio de StoneTought, al sur de
Birminghan.
Su
puesto como forense va poco a poco en aumento, ahora se queda encargado del
depósito de cadáveres.
-
Mamá diría que soy afortunado, y que me
lo merezco, por el tiempo empleado en mis largos años de estudio.
Al
salir a la calle, los huesos se le hielan, aún en otoño, el frío inglés es
bastante insoportable, como si de invierno se tratase. Aprieta la cara al
recordar el invierno pasado. Camina por la calle Advisory, hasta cruzar en el
puente Halley, ante sus ojos el hospital “Antique Clement”, de gran prestigio,
con unos doscientos años de antigüedad, de ahí su nombre, recién modificado.
Larry
debe ir a hablar con el señor Aston, su jefe de sector, del cual no ha
escuchado muy buenas noticias; alcohólico, solitario y muy dado a ciertos trastornos,
unos dicen que psicológicos, otros que solo se trata de una depresión tras el
suicidio de su encantadora esposa. En la actualidad se encuentra en tratamiento
con el psicólogo del propio hospital.
A
su llegada, Larry comienza su primer día de trabajo, con una breve visita a la
cafetería del hospital, la cual, en los próximos diez o doce meses, con un poco
de suerte, se convierta en más que habitual, su café, su estancia e incluso, su
más que horripilante comida.
La
estancia era fría, sólida como el metal del cual eran recubiertas todas las
cajas, en las que se guardan todos los cuerpos.
La
impresión de escalofrío al ver al señor Aston, fue más que perceptible por
éste. Su cara demacrada por más de una noche sin poder conciliar el sueño era
bastante apreciable, a la vez que el olor del alcohol en su ropa, era más que
asfixiante.
Al
escuchar las órdenes del señor Aston, parecía las de un sargento mandando su
tropa. Sorprendió tanto a Larry, que ese primer día se convirtió en una semana
de trabajos forzosos: autopsias, desgarros, asesinatos, atropellos, suicidios,
todo en un primer contacto. Traspasando el hilo académico del personaje, para
recrear el terror de cada individuo al que realizaba la intervención.
Los
historiales detallaban con el macabro arte de la exposición médico-forense,
cómo había sido asesinado por arma blanca, cómo el cuello se rompió tras el
nudo de la soga, cómo el corazón reventó tras el choque con el vehículo y un
largo, pero que largo etc, que hicieron que Larry, recordara con añoranza los
días pasados en el campus de la universidad.
A
las diez de la noche llegó a casa como si de una cárcel hubiese salido.
Acentuando todo lo bonito y positivo del hogar, aunque fuese tan pequeño y solo
contara con una cama, una mesita y la ventana que daba al cementerio. De ahí su
más que barato precio de alquiler, apreciando este factor, Larry se encontraba
en su hogar.
Las
noches claras de luna llena, recuerda cómo se pasaba las horas muertas mirando
por la ventana y observando cada uno de los metros cuadrados, pocos metros de
ese oscuro, viejo y enmohecido campo santo.
Larry
se quedó dormido como un bebé sobre el regazo de una madre, aunque él lo hizo
sobre el regazo de su almohada, con la ropa puesta.
Padeció
de nuevo el sentido metálico del lugar de trabajo. Se mantuvo más serio de lo
normal, el señor Aston pretendía formarlo como si de un estudiante se tratase.
Cosa que hacía bastante tiempo que había terminado, pero la situación laboral
en la que se encuentra la juventud con o sin estudios en una de las ciudades
con mayor número de desempleados del país, pasa factura hasta para los que se
consideran unos grandes miembros de la destacada orden académica.
Con
la luz tenue de la lámpara repasaban el último caso de un asesinado, individuo
de corta edad, estatura media, pelirrojo el cabello y de tez blanca. Se provoca
una incisión en el abdomen para analizar el estómago y continuadamente los
órganos vitales.
En
ese instante, con el bisturí surcando la piel blanca, pálida por la falta de
riego sanguíneo entre ella, sintió detrás de él un aliento frío, evocador de un
escalofrío similar al escuchar el rechinar de una pizarra que es recorrida por
las uñas. Su espasmo fue capaz de levantarlo del suelo provocando que el
bisturí se introdujese en el interior del cuerpo, no de la forma más deseada
por un forense cualificado.
Lo
que ocurrió en ese instante, todavía lo recuerda con claridad, precisión e
incluso dejando bien abiertos los ojos al narrarlo.
Me estremezco al escribirlo en este
instante, recordando su faz y escuchando su voz en el grabador.
El
músculo abdominal se encogió, se alteró su estado inamovible. ¿Espasmo corpóreo
producido por una reacción física?, en esos momentos no entendía nada, no daba
crédito a lo que había observado.
Recordó
e hizo memoria, sobre las explicaciones del profesor Howthrone en la
universidad, “espasmos físicos creados
por intromisiones químicas artificiales en los músculos, en cuerpos recién
fallecidos”. Aunque este individuo llevaba muerto más de un día, cómo, no
era lógico, no era racional, la ciencia que él conocía no lograba explicar la
situación, ni lo experimentado.
Tras
él apareció como si de una sombra se tratase, el señor Aston. Pálido, cansado,
sudorosa la frente;
-
¿lo has sentido Larry?, dime la verdad,
no puedes engañarme, creo que tú también lo has sentido.
Larry
no podía hablar, se mantenía inexpresivo, aterrado. En ese momento Aston no lo
sabía, puesto que no lo miraba, pero detrás de él tenía la imagen oscura, casi
una sombra, alguien levitaba detrás de él.
Hace algún tiempo, buscando en los
archivos del hospital, ví el retrato del anterior forense, antes que el señor
Aston fuese práctico o se encargara del depósito de cadáveres.
Un suceso ocurrió en el centro
médico, el forense Miller, mantenía mediante alcohol ciertos cuerpos en el
depósito, probando que no se corrompiesen y así poder investigar con mayor
tiempo, las causas de la muerte. Las continuas confrontaciones con los
directores del hospital con respecto a los experimentos de Miller, provocaron
en este un hilo lunático, egocéntrico y mezquino, provocando al final su
destitución del cargo y su despido inminente del colegio de médico de Gran
Bretaña.
En los años que sucedieron con
posterioridad se comentan situaciones extrañas en el depósito, apagones de luz,
puertas cerradas sin ninguna intencionalidad y constantes escenas de macabra
realidad.
Esa
noche recuerda Larry, no pudo dormir, salió como pudo de la sala de
intervenciones, corrió por el pasillo, mientras sentía un aliento detrás de él,
frío, helado, sombrío, aterrador.
Ya
en el coche, creía no poder encender el contacto del vehículo, las manos le
temblaban, sus dientes rechinaban. Consiguió encender el motor pero pisar el
acelerador.
En
ese mismo instante los cristales de su coche se empañaron, sintió de nuevo el
aliento frío en su nuca, a través del cual recordó al señor Aston inerte tras
preguntarle si lo había sentido. Abrió la puerta del coche y corrió hacia
dentro por la puerta trasera del depósito.
Al
entrar se quedó paralizado y verdaderamente asustado, el cuerpo del individuo
asesinado no estaba en la mesa de autopsias. Hacía bastante frío dentro. Aston
no estaba, había desaparecido. Recorrió el pasillo hacia el despacho de Aston,
la luz blanca de las barras de luz habían disminuido en gran cantidad, se podía
llegar palpando el recorrido. Como pudo fue dando paso tras paso, hasta llegar
al despacho de Aston, lo que vio en la habitación le marcó de tal manera, que
hasta hoy día mantiene la piel erizada de la nuca.
Todo
estaba revuelto, papeles en el suelo cubiertos con una loción viscosa, oscura,
pegajosa. El cristal de la ventana estaba roto, poco a poco fue acercándose a
él, vio a Aston en el suelo, reventado médicamente, sus órganos vitales habían
estallado con el impacto en el suelo, la sangre cubría un área comprendida
alrededor del cuerpo.
El
suicidio era evidente, pero qué o quién había sido la causa por la que había
puesto fin a su existencia. A la mente de Larry llegó el caso de la esposa de
Aston, según extrañas circunstancias, según el informe, se había suicidado de
la misma manera que el marido acababa de hacerlo.
Larry
se encontraba desconcertado, absuelto de todo valor, acción o medio de
observación de la situación.
Ante
él una sombra se erguía como baluarte canónico en un lugar santoral. Siendo
observado, Larry pronunció unas palabras, la voz gutural atormentada contestaba
en lenguas extrañas. El porqué de sus actos, siendo reales las experiencias,
siendo fuertemente impresionables las evidencias. Larry no podía darse media
vuelta, su cuerpo se encontraba totalmente estático, sin oportunidad de
moverse, era incapaz.
La
voz seguía emitiendo ciertos sonidos posiblemente en lenguas lejanas, antiguas,
olvidadas, como sus emisores en cierto tiempo atrás.
La
luz del habitáculo fue poco a poco sucediéndose de colores, hasta que el más
intenso de todos fue el color rojo, emitido desde la sombra. Larry pudo
comprobar cómo su cuerpo se transportaba hacia atrás, poco a poco se iba dando
la vuelta, hasta que se colocó frente a frente y cara a cara con la sombra.
Reaccionando con los ojos cerrados, cuya única parte corporal era la que tenía
capacidad de mover, sintió acercarse a su cara el retrato de una sombra, la
cual se estremecía con mayor intensidad cada centímetro que se acercaba.
Parecía
tener reacción al acercarse a Larry, conclusión premeditada por este, una vez
sucumbida la inerte posición corporal. Desplomado cayó al suelo, intentó huir,
pero en ese mismo instante la intensidad de la luz se hizo casi infinita, y un
sonido de estertor mortuorio quedó plasmado en la habitación y en el cerebro
del propio Larry. Cada vez, hoy día, que ocurre o sucede un estertor moribundo
en la esfera temporal del cerebro de Larry, las pupilas se dilatan, los ojos se
aprietan, la cara se estremece, el cuerpo se contrae y la escena se repite una
y otra vez.
La
luz terminó, la sombra se desvaneció, Larry debilitado por el compresor
psíquico y físico producido por la sombra, quedó quieto, estupefacto.
Solo
pronuncia una frase: “dejad descansar a
los muertos, ellos ya no son culpables”.
IVÁN
SÁNCHEZ MARCOS
“Aquello a lo que estamos
acostumbrados, suele parecernos rotundamente extraño, una vez lo conocemos con
total claridad”, cita del autor.
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